Las cámaras pueden estar montadas en trípodes, regletas o soportes de desplazamiento, así como en cremalleras para la obtención de fotografías de aproximación. La utilización correcta de la profundidad de campo será básica, en ocasiones, para atenuar la necesidad de utilizar grandes separaciones entre los aparatos. Si el tema a reproducir carece de objetos en movimiento puede recurrirse a utilizar una sola cámara que, tras el primer disparo, se desplazará a la distancia adecuada para realizar el segundo, en el que se tendrá en cuenta mantener minuciosamente el encuadre anterior.
Colocando una cámara al lado de la otra, el primer punto a considerar es la distancia interobjetiva existente, medida entre centros, la cual, en principio ha de ser igual a la distancia interocular e para objetivos de amplificación unidad (Distancia focal del orden de los 50 mm) De esta manera, evitaremos la distorsión espacial de la imagen, es decir, la profundidad de los objetos registrados en la película, coincidirá con el modelo de la realidad.
La distancia interocular es, como promedio, del orden de los 65 mm. Debido al tamaño que poseen la mayoría de las cámaras fotográficas actuales, es imposible colocarlas una al lado de la otra y conseguir que la distancia interobjetiva, sea coincidente con la primera. Con dos cámaras, esta distancia siempre será superior a la mencionada, con lo cual, la profundidad de los objetos en la reproducción aparecerá exagerada, principalmente en los primeros planos.
Existen dos soluciones al problema presentado. La primera es usar un dispositivo óptico para disminuir, de forma virtual, la distancia interobjetiva. Esta solución la descartamos ya que ello supondría complicar todo el proceso. Además es realmente dificil, por no decir imposible, encontrar este dispositivo en el mercado, usado solamente por algunos profesionales.
La segunda alternativa a nuestra disposición, es realizar un sencillo cálculo con el objeto de averiguar la correcta distancia focal de los objetivos a utilizar, en función de la distancia interobjetiva existente. Para ello, aplicaremos la siguiente fórmula:
f=(50 x e)/E
donde:
f: Focal del objetivo a utilizar en m.m.
e: Separación interocular en m.m.
E: Separación interobjetiva.
Con los datos:
e=65 m.m.
E=140 m.m.
Obtenemos para la distancia focal del objetivo: f=23 m.m aprox. Tendremos, pues, que escoger, un objetivo con una focal próxima a este valor.
Supongamos, también, que el experimentador no pueda aplicar esta solución por no disponer de los objetivos necesarios. En estas circunstancias, lo mejor es colocar las cámaras lo más cerca posible una de otra y olvidarse de la distancia interobjetiva. En este caso, las imágenes, sobretodo en los primeros planos, quedarán distorsionadas en cuanto a su profundidad se refiere. Sin embargo, esta distorsión no producirá tensíon ni fatiga visual. Es una cuestión de pura estética y realismo. Por suerte, en las vistas generales, donde las cámaras fotográficas se encuentran bastante alejadas del objeto a fotografiar, es difícil detectar esta deformación.

En la toma fotográfica estereoscópica, la misión de las cámaras fotográficas es emular el comportamiento del doble sistema ocular, por lo tanto, si lo que nos proponemos es crear imágenes en relieve de un realismo total, no podemos olvidarnos del problema de la convergencia, en este caso, entre los objetivos y el campo visual. Pero, ¡cuidado!, existe una diferencia fundamental entre el comportamiento de nuestra fisiología y el que debemos adoptar con las cámaras fotográficas, precisamente para evitar la visión doble, en este caso, del plano general de la imagen.
Para demostrar lo dicho, hagamos un experimento muy simple. Tomemos un lápiz y volvamos a mirarlo atentamente. Podremos observar que éste, encontrándose en primer plano, se ve perfectamente. Pero si, sin desviar la vista del lápiz, prestamos atención al plano general, los objetos allí situados se verán dobles, o dicho en términos técnicos, aparece la diplopía sobre el plano de fondo. Por lo tanto, si realizamos una toma fotográfica estereoscópica ajustándo el ángulo de convergencia en el tema principal, resultará que, en la proyección o visionado a través de un estereoscopio, podría aparecer el fenómeno nefasto de visión doble en el plano general, principalmente si éste se encuentra muy alejado, tal como le sucede, también, al sistema de visión humano. También podría ocurrir que la imagen, no viéndose doble, produzca, sin embargo, intensa fatiga visual, debido, todo ello, al esfuerzo adicional que tiene que realizar el cerebro, para sintetizar dos planos generales bidimensionales, demasiado diferentes, en una vista global en relieve.
Recordemos que estos fenómenos pueden hacerse especialmente notorios, si el objeto de interés se encuentra bastante cerca del fotógrafo y/o, el plano general, muy alejado.
Es, pues, una necesidad que casi se convierte en ley, ajustar el ángulo de convergencia sobre el plano de fondo o plano general de la imagen en la práctica de la estereoscopia natural. En estas condiciones, todo el "volumen" del espacio visualizado aparecerá correctamente, sin dobles imágenes. Además, el observador no experimentará la más mínima fatiga visual, como muy bien podría demostrarse en un experimento.

Existen en el mercado, unas cámaras fotográficas con doble objetivo cuya finalidad es la realización de tomas estereoscópicas. Con estos modelos, es imposible ajustar el ángulo de convergencia y, en este sentido, representan una solución de compromiso para el aficionado que no quiere complicarse la vida puesto que, es preferible trabajar con los ejes de los objetivos paralelos que realizar un ajuste deficiente de la convergencia. En muchas ocasiones darán buenos resultados pero si lo que busca el fotógrafo es verdadera precisión, las dos cámaras es el equipo más adecuado.
Información adquirida de: www.cristinaarce.com/art_fotografia_3d.htm